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MUSICOTERAPIA
Y GESTALT
María
José Varas S.
Existen
muchas corrientes o formas de entender la Musicoterapia. Lo
común en todas es el uso de la música y las infinitas posibilidades que ésta
nos brinda como medio terapéutico en el paciente. La música es un elemento
que a todos nos llega, en diferente medida y de diferentes maneras, pero al
cual a nadie le es indiferente, incluso a las personas sordas.
Al
hablar de la música no nos referimos solamente a la música que conocemos
como forma estructurada, sino a todo elemento de sonido armónico –no
ruido- en general.
La
Música actuaría en el individuo básicamente
en tres niveles o etapas:
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En la 1ª etapa, el estímulo
llega, como algo externo a nosotros que nos toca y de alguna forma nos
conmueve, sea positiva o negativamente y esto va directamente a nuestras
emociones. “Dejarse tocar o permeabilizar” por un estímulo entrante.
Sentimos cosas al escuchar determinado tipo de música, sensaciones,
remembranzas, deseos, frustraciones, alegría, rabia.
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La 2° etapa se refiere a lo
que ocurre luego en nuestro organismo una vez que sentimos el estímulo.
Muchas veces la Música nos incita a “sacar cosas para afuera”, es
decir, a expresarnos. Aquí la Música actúa como elemento catárquico, y
podemos llegar a sacar para fuera elementos tanto individuales caracterológicos,
como ancestrales, grupales o tribales de nuestro inconsciente colectivo.
Otras veces, cuando el escuchar un tipo de música ha sido precedido y
acompañado por todo un proceso terapéutico, se puede, tan solo con
escuchar el estímulo adecuado, llegar de pronto a un Insight y a un cierre
de una Gestalt por mucho tiempo inconclusa.
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La 3ª etapa más bien se refiere a una posibilidad que puede generar el
escuchar una determinada música. Se refiere al deseo o necesidad que muchas
veces se produce de compartir la sensación que se tiene, mediante la
comunicación, el abrirse a un diálogo más abierto, ya sea con el grupo o
con el terapeuta. A veces no se expresan palabras, pero puede surgir
necesidad de bailar, expresarse, o contacto, abrazar, etc a otro. Porque la
música relaciona, es un elemento que establece comunicación.
Actualmente
el enfoque de la Musicoterapia es obviamente más holístico e integrador
que los enfoques que formaron éste tipo de terapia. Se mira al individuo
como un todo, y desde ahí se le aplica lo que se considere necesario, sea
utilizando técnicas auditivas, de imaginería, catárquicas, de trance,
expresivas, etc.
Sin
embargo cabe mencionar algunas
ideas básicas que iniciaron la investigación en Musicoterapia. Rolando
Benenzon, psicoanalista argentino, planteó (1970), la idea del
“Imprinting auditivo en el bebé” , refiriéndose a que el bebé en el
útero, recibiría el “Imprinting” de los latidos cardíacos de la
madre, sonido que, posteriormente, al ser escuchado, actuaría como una
suerte de regresión y haría que el niño, o incluso el adulto, se
tranquilizase. Esta teoría está ampliamente reconocida, ya que son muchos
los experimentos que nos muestran que indudablemente existe un tipo de
relación.
Mucha
música o danza aborígen se plantea de hecho como intentos de reconstrucción
de éste período pre-natal.
Cada
individuo es más permeable entonces más a un tipo de música que a otra, y
la variedad es tanta casi como la huella dactilar.
Es
prácticamente imposible que un individuo tenga la misma sensibilidad y
preferencia por diferentes tipos de música que otro.
Se
plantea entonces que existe un conjunto de sonidos o fenómenos sonoros que
nos caracteriza e individualiza, un concepto que va muchísimo más allá de
nuestras “preferencias” musicales, ya que incluye los sonidos de nuestro
medio intrauterino, nuestro nacimiento, nuestra crianza, nuestro medio
socio-cultural, incluso nuestros genes pueden trer ya ciertas preferencias o
huellas sonoras.
Este
conjunto de sonidos que nos caracteriza es llamado por los musicoterapeutas
el ISO de cada individuo.
Es
importante entonces tener en cuenta el ISO del paciente, que no es algo que
vamos a poder detectar en la primera o segunda sesión, pero hay tener en
cuenta que no todos los pacientes tienen que tener reacciones similares o
iguales a los mismos estímulos, siempre existe un margen de diferencia.
Esto es para no caer en el error de creer a ojos cerrados en las
“recetas” ofrecidas.
El
musicoterapeuta debe ser una persona con ciertas habilidades, especialmente
en lo que se refiere a la sensibilidad a las reacciones del paciente, una
constante relación de él con la música en búsqueda de distintos efectos
y una permanente creatividad y
adaptabilidad en general.
Relación
entre Música y Gestalt
Si
recordamos que es Gestalt se trata básicamente de lograr la integración
del individuo, mediante la reconciliación y aceptación de sus polaridades,
mediante el Continuum de Awareness y todos los ejercicios que nos conlleven
a un Darse Cuenta profundo y vivencial, es importante entonces que tomemos
en cuenta como elemento técnico y de apoyo a la música por ser algo que de
forma tan obvia y evidente nos lleva a la vivencia.
La
audición de música nos conecta en primer lugar con la vivencia del aquí y
ahora de nuestros sentidos y de nuestra corporalidad.
Este
punto tiene algo muy singular, ya que la música nos puede conectar con
vivencias y sensaciones pasadas, formándose así una sensación circular,
holística e integrada, una Gestalt o círculo atemporal de lo que somos y
que hemos sido. Esta vivencia integradora y con raíces desde los comienzos
de nuestra existencia, en donde se integra lo que somos y lo que hemos sido,
es justamente lo que nos produce la placentera sensación cuando escuchamos
una música que realmente nos llega. Estamos en ése momento escuchando algo
que nos “hace sentido” en todo nuestro cuerpo y también en una
atemporalidad de presente- pasado y también en la proyección de futuro.
Por
eso nos sentimos tan a gusto, nos sentimos integrados y sin divisiones
internas con una música que nos llega.
Esto,
cuando va acompañado de un adecuado proceso terapéutico, puede producir un
gran Insight o Darse Cuenta y
un cambio permanente talvez de
algo que habíamos ya vislumbrado o trabajado anteriormente pero que con la
música se nos “cierra la Gestalt”.
Por
otra parte, cuando nos atrevemos a tomar e improvisar en un instrumento o a
cantar con nuestra voz, estamos “sacando para afuera” sin
intelectualizaciones ni mecanismos defensivos, la parte emocional y
sensorial en una forma muy directa, a modo de catarsis. Se podría semejar a
“golpear un cojín” o a llorar, estamos en el aquí y ahora, con nuestro
cuerpo y mente integrados en un acto liberador.
En
el canto de mantras que salen desde nuestros centros, estaríamos integrando
nuestro ser con el entorno, con lo exterior, con los otros y el resto del
universo.
La
música sin duda nos puede ayudar en el proceso de darse cuenta de nuestras
emociones, afectos y necesidades, como un instrumento anexo y complementario
en nuestra autorregulación organísmica.
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