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Por Adriana Schnake
“La esencia de lo que Fritz Perls nos mostró es que el desorden que una
persona padece se halla presente, y que cualquier forma de ponerlo de
manifiesto iluminará tanto al terapeuta como al cliente”.
Wilson Van Dusen
No sé si se puede
llegar a comprender lo que significó para mí el descubrimiento de que
existía la Gestalt: darme cuenta de que un viejo sabio y verdadero que había
conocido lo que eran los horrores de la guerra y entendía bastante lo que
eran los maravillosos mecanismos fisiológicos que mantenían la homeostasis,
creyera que había un modo de conectar al ser humano con lo más esencial de
sí mismo y devolverle la posibilidad de ponerse en contacto con lo que
verdaderamente era o había podido ser si quitábamos el ruido ambiental y las
ideas perturbadoras que los habían llevado a una encrucijada fatal.
Desde entonces,
siguiendo los pasos que Perls a veces marcó con claridad y otras apenas
esbozó, he continuado en esta aventura fascinante que consiste en ir
relacionando cada expresión de nuestro cuerpo con todo nuestro ser y nuestra
conducta.
En esta tarea nunca
quise apartarme del maestro, porque tengo la sensación de que todo lo que
vio o pensó nacía de una profunda intuición que fue la que en un momento le
salvó la vida y lo conectó con la verdadera y más profunda sabiduría de la
naturaleza.
Es tal vez por esto
que
tengo la sensación de que estamos cumpliendo- en parte- con lo que Perls nos
ha pedido y tratando de contestar preguntas que se hizo o nos dejó a
nosotros. Como la que cito a continuación.
"Ahora se puede formular el problema que
tenemos que enfrentar: ¿Cómo podemos lograr la transición de una
personalidad dividida a una personalidad unificada?, ¿de un lenguaje
dualístico a uno unitario?, ¿de una filosofía antitética a una filosofía
verdaderamente abarcadora y englobadora?
No debemos subestimar ni la importancia
ni la dificultad de la tarea. La sobrevivencia de la humanidad se ve
amenazada por una dicotomía progresiva. Nadie puede decir, en este momento
si la humanidad se está suicidando o se está preparando para una forma más
adecuada de existencia. Lo último tendría que ser una existencia re-
integrada, no una construcción de puntos de vista incoherentes, pegoteados
artificialmente. Esto implica la aceptación del organismo- como- un- todo
con la sinceridad de un William Alanson White o un Kurt Goldstein y no el
mero homenaje verbal que tantos movimientos actuales tributan a este
concepto. Su visión unitaria está bloqueada por puntos ciegos. Tienen un
pedazo de la torta e imaginan que la tienen entera. Sus personalidades están
mutiladas y su concepto de organismo- como- un- todo corresponde al aspecto
específico de sí mismos que ellos permiten que exista”(p. 53,
Esto es Gestalt)
Mas adelante, en el mismo artículo, que es de 1948, dice:
“Generalmente lo que se escotomiza y se paraliza es la expresión y la
ejecución de las necesidades organísmicas de la personalidad original
biológica. Consecuentemente el hombre moderno tiene que ser re-sensibilizado
y re-movilizado con el objeto de lograr la integración.”
En este mismo artículo Perls describe alguno de los modos como él se aboca a
este trabajo. Describe algunos casos exitosos, y se queja también de
aquellos casos en que no ha tenido éxito. Dice:
“Contrastando con estos casos, están
aquellos en los que he logrado poca o ninguna integración satisfactoria.
Aparentemente estos pacientes tomaban sus puntos de vista como hechos tan
establecidos que ninguna otra orientación les parecía viable. En estos casos
carecí de la habilidad para mostrarles convincentemente la necesidad de
cambio y reorientación o yo mismo estoy insuficientemente integrado como
para percatarme de la resistencia crucial”(p.62, Esto es Gestalt)
Cuánto me hubiera gustado que Perls hubiera podido presenciar o saber de
alguno de esos increíbles ‘darse cuenta’ de rasgos caracterológicos negados
y profundamente rechazados que aparecen como centrales en un órgano enfermo,
y que al haber asumido el discurso de ese órgano y haber podido decir – en
primera persona soy..., lo que siempre había negado, cambia la
expresión de nuestro paciente y nos muestra y se muestra a sí
mismo una posibilidad increíble de empezar un verdadero proceso de
integración.
De pronto me pareció que todo el trabajo que me había dado para describir e
insistir en el enfoque gestáltico de las enfermedades y de lo valioso que
podía ser el que las personas se quejaran de dolores o enfermedades y a
través de ellas aprendiera a reposeer su cuerpo, era algo increíblemente
válido, que nos ayuda a salir de la enajenación de que somos víctimas. Todo
esto tenía que ser completado, ya que de alguna manera estaba respondiendo
a preguntas y decires de Perls:
“¿De qué técnicas se
dispone actualmente para integrar la personalidad de nuestros pacientes, es
decir para restaurar el balance organísmico y
abrir el camino para una autorrealización productiva?”(p.58,
Esto es Gestalt)
Perls no preguntaba en vano, ni se hacía
o hacía preguntas que no correspondieran a verdaderos y serios
cuestionamientos.
A mí me parece que
claramente hemos definido una técnica en la que hemos usado todos los
recursos de que disponíamos.
1.- Tomamos del teatro
y del psicodrama la posibilidad de actuar para acentuar las características
de los personajes (sean órganos o personas).
2.- Tomamos de la
Anatomía y Fisiología el conocimiento de la forma y función de los órganos,
de acuerdo a lo conocido y probado en la Medicina Occidental, y lo
incorporamos vivencialmente.
3.- Tomamos de la
Gestalt:
a) El
concepto de proceso y el principio organizador que crea orden del caos, como
es la formación figura- fondo. b) El concepto de lo organísmico de
Perls, como el fundamento mismo de la Gestalt.
c) El método dialéctico, reforzado y enriquecido con los aportes anteriores.
4.- Tomamos de la
psicología, de la filosofía, de la neurología, el concepto, la definición y
la conceptualización más actual de consciencia y usamos el concepto
de “consciencia nuclear” y “consciencia ampliada”¹ sin enredarnos en largas
disquisiciones al respecto.
5.- Tomamos de la Medicina China
tradicional y de la Medicina Occidental en sus orígenes, el verdadero
sentido de cura: no pretendemos ‘reparar’ el instrumento que somos.
Se trata de facilitar el acceso de las personas a los elementos presentes
en ellas que puedan favorecer el cambio, facilitándoles todos los medios
posibles que los conecten con la totalidad organísmica que son.
Esta es el principio
de mi respuesta a Perls, más bien dicho a la pregunta que cito más arriba y
que se formuló muy en el inicio de su más total y profundo desarrollo de la
Gestalt. Pese a lo mucho que trabajó después y la claridad con la que llegó
formular lo que fueron los hitos más importantes de esta orientación, no
agregó técnicas muy especiales que abrieran nuevos caminos.
Los caminos abiertos
nos tenían deslumbrados y aún había y hay mucho por descubrir. El trabajo
que hemos estado haciendo, especialmente en lo referente al Enfoque
Holístico-Gestáltico de la Enfermedad, lleva ya más de dos décadas y son
muchos los gestaltistas en todas partes que se han abocado a estudiarlo y
desarrollarlo. Separar este Enfoque de la Gestalt es para mí imposible, no
solo porque parte de lo visto y observado por Perls, sino porque en el
desarrollo de este trabajo, si no se conocen los principios básicos de la
gestalt... ¡se aprenden! En estos momentos estamos tratando de organizar lo
aprendido y descubierto, acercándonos a los mensajes posibles de los
síntomas y las enfermedades y realizando una especie de guía que oriente
nuestro trabajo.
No pretendemos
escribir un manual en el que se encuentren recetas fáciles, con las cuales
se podría llegar a la simpleza de pensar que bastaría saber qué o cuál
enfermedad aqueja a una persona, para saber todo a cerca de la misma. Nada
más alejado de nuestra intención que pretender clasificar o encasillar a las
personas. Solo intentamos facilitar las cosas para todos aquellos que
estamos trabajando con personas y con nosotros mismos en esta dura y difícil
tarea del autoconocimiento. Esto ha requerido el aporte de muchos
colaboradores y especialmente de muchas personas verdaderas que, al
comprometerse y mostrar en público sus fuerzas y sus debilidades, me han
comprometido en este último esfuerzo por entregar la mayor cantidad de
antecedentes, los mejores recursos y todo lo que sea válido para rescatar
una mirada trasparente a un proceso que se ha complicado innecesariamente.
Necesitamos aprender a
hablar el idioma materno, el que empezamos a escuchar dentro del útero y que
no se nos permitió escuchar durante mucho tiempo.
¿Cómo aprender un
idioma que ha nacido con nosotros y que no escuchamos porque ni siquiera se
nos ocurrió que podíamos hacerlo? Estamos llenos de ruidos y palabras que
aprendimos fácilmente porque, aunque venían del exterior, estaban unidos a
una caricia, a un gesto, a un objeto que se nos hacía familiar. Así
aprendemos no solo las palabras sino el acento que nos hace distinguir una
de otra que aparentemente es igual. Muy pequeño, un niño chino puede
distinguir claramente los variados significados de una misma palabra según
el acento.
Y aprendemos a
distinguir el lenguaje del viento, de la lluvia, del mar, del fuego, del
silencio, y de pronto nos encontramos sabiendo nombres de una cantidad
increíble de instrumentos de los cuales salen sonidos diferentes,
entrelazados y confusos y sin embargo distinguibles y puros en su nitidez.
Aquí en medio del campo, el bosque, el mar y la cordillera, escucho una
sinfonía de Mahler y no sé si el sonido de los cornos viene del fondo del
mar, o los violines son tocados por los árboles que se mueven como meciendo
y guardando un contorno que parece irreal, o las flautas suenan desde el
aire que tiembla con el aletear de los pájaros que en bandadas cruzan el
espacio. Nombro los instrumentos que voy reconociendo, veo la soberbia
naturaleza que me rodea.
Entro en mí
y este aquí y ahora se agranda de un modo impresionante. En mi ser, en mi
cuerpo, en mi alma, en mi vida, hay huellas indelebles de un aprendizaje
sagrado, aprendí a amar esa música solo escuchándola en momentos de alegría
y plenitud. Ella estaba presente en los momentos más plenos de mi vida y
todo lo que la componía estaba organizado de un modo que parecía
indestructible, como la naturaleza que me rodeaba, como ese mar que siempre
estuvo alejándose y acercándose sin desaparecer jamás. Me doy cuenta
cómo la presencia de esa música y el ir reconociendo y casi nombrando los
sonidos, aumenta la potencia e intensidad de la emoción del increíble
espectáculo de esa bandada de pájaros cruzando la bahía. De la luminosidad
de un cielo que no tiene mácula y me permite ver ese otro horizonte
imponente, frío, iluminado por un sol que jamás derrite sus nieves. Y sigue
Mahler y aquí lo tibio y silencioso, ocultando tímidamente los sonidos que
se funden y se unen a todos esos instrumentos que se han juntado para cantar
a la tierra.
El darme cuenta de que
-conectada con este paraje increíble y esta música- mi vivencia del aquí y
ahora se refuerza, que el reconocer y juntar los sonidos con los
instrumentos y con la naturaleza no me dispersa ni me hace separar lo que se
da unido, sino por el contrario refuerza la intensidad de la vivencia, me
lleva directamente a otro darme cuenta: mi decir entro en mí, el
hablar de mi cuerpo, mi espíritu, mi alma, es un todo que tiene partes y
sitios a los que he podido nombrar y muchos -tal vez la mayoría- que no
conozco y menos puedo nombrar. No nombrar lo que no conozco, aquello
con lo que nunca me encontré o no me dio ningún aviso de su presencia, no me
preocupa. Eso no percibido siquiera por mí, tampoco ha necesitado ni querido
hacerse presente. Lo que sé que existe y puedo reconocer me parece
importante nombrarlo, y si lo nombro identificarlo, aunque sea para
distinguirlo de otros parecidos. Desde chica me daba pena andar entre los
árboles sin saber su nombre si los veía muy seguido. Y el conocer esta
persona que soy no puede dejar a un lado el cuerpo que me sostiene y me
permite acumular vivencias, conocimientos, destrezas, paz, amor, recuerdos
que enriquecen mi vida. Y este cuerpo tiene distintos aposentos que hacen
diferentes cosas y que pueden enseñarnos su verdadero lenguaje.
Esto lo enseñó Perls:
podemos hablar y dialogar con cualquier objeto que aparece en nuestros
sueños. ¿Por qué no con cualquier parte de nosotros mismos que se queja de
algo, o a la que se la responsabiliza de algo, o a la que queremos conocer
para saber cómo está? Este hablar-con es infinitamente menos costoso
y traumático para nuestros órganos que una ‘simple radiografía’. Es en este
punto en el que tenemos que entrenar a los gestaltistas o a los
facilitadores de este proceso, porque cuando una persona intenta hablar con
una parte de sí que además no conoce muy bien aunque sea médico, porque
siempre lo aprendió como algo que era ajeno, necesita estar con alguien en
quien confíe y respete y sepa que si esa persona lo va a ayudar a conectarse
con ese órgano o parte de su cuerpo, sabe lo esencial de aquello y no le
dirá nada que no sea absolutamente verdadero. Esto es lo que hace que el
entrenamiento de las personas en este Enfoque sea bastante intenso,
comprometido y especialmente gratificante. Quien aprende a facilitar el que
las personas se conecten con el Aquí y Ahora, escuchen los mensajes de su
cuerpo y salgan del atrape dualístico en el que están inmersos, también va
haciendo suyas estas posibilidades y cada día se parece más a sí mismo y
trasmite esa sensación de unidad que lo hace confiable.
No necesito conocer o
saber cómo funciona mi cuerpo para que él funcione. Eso sería absolutamente
imposible. Todo lo que está ocurriendo en una milésima de segundo dentro de
mi organismo es absolutamente imposible de ser ‘manejado’ ni por el más
genial experto. En medicina se observan ciertos resultados de procesos, se
estudian experimentalmente y se supone que son los mismos que están
ocurriendo dentro del organismo vivo. Esta es la tarea a la que nos hemos
abocado los gestaltistas en nuestro último encuentro en Anchimalen, en el
cual comentamos y discutimos sobre los modos de conectarnos más vivencial y
profundamente con nuestro cuerpo, para facilitar la tarea y mejorar nuestra
capacidad de darnos cuenta de los verdaderos mensajes organísmicos. No se
trata solo de reconocer el lenguaje de un órgano que se queja dentro de
nosotros, se trata también de reconocer el lenguaje de los personajes que
nos habitan y que, guerreando entre sí, nos paralizan.
También quisiéramos,
una vez más siguiendo a Perls, que nos propusiéramos hacer una especie de
guía a modo de autoayuda, un pequeño manual en el que las personas
encontraran algunas respuestas y algunos caminos que les faciliten el arduo
camino del autoconocimiento. Esta fue claramente la intención de Perls en su
primer libro “Yo, Hambre y Agresión” publicado en 1947, como bien lo señala
Pedro de Caso en su libro “Gestalt, una terapia de autenticidad”:
“Lo primero que
sorprende al leer el primer capítulo de la parte tercera de YHA en que
Perls presenta “La técnica de la Terapia de concentración”, es que parece
concebirla más bien como un especie de manual de autoayuda mas que como una
verdadera técnica terapéutica destinada a ser usada por el terapeuta con sus
pacientes. Y en este sentido ofrece a los eventuales lectores algunos
consejos para su puesta en práctica, además de advertirles de las
dificultades que ello entraña.”(p. 115, Gestalt, una terapia de
autenticidad)
Uno de los modos que hemos usado para ir aprendiendo y enseñando a trabajar
con los mensajes de los síntomas, son nuestros talleres prolongados de dos o
tres días en los que al inicio todos los participantes nos presentamos
‘desde nuestro cuerpo’. Contamos la experiencia y las sensaciones que hemos
tenido y nuestra relación con aquellas partes que se han hecho presentes. En
estos grupos, la gran mayoría de los participantes ha tenido una dolencia y
aunque haya sido algo leve o de poca trascendencia, nos abocamos a entender
el posible mensaje que estaba dando su cuerpo en esas circunstancias.
Trabajamos esto en el Aquí y Ahora y es fascinante descubrir la relación con
lo que ocurría en nuestra vida. Sorprendentemente, al hacer un diálogo con
el órgano o la parte afectada ubicándonos en el contexto en que la
enfermedad o los síntomas se hicieron presentes, la relación con lo que
estaba pasando se nos hace obvia.
Las sorpresas que
hemos tenido cuando empezamos a usar sistemáticamente el conectar a los
pacientes con aquellos órganos que les habían dado molestias aun cuando en
el Aquí y Ahora ese no era motivo de consulta, ha sido muy grande y nos ha
hecho cuestionar todo el concepto de ‘cronicidad’ en Medicina. ¿Hasta donde
una enfermedad o síntoma se repiten y sostienen en la medida en que hemos
sido sordos a sus mensajes?
En primer lugar, hemos
usado esta modalidad en cursos especiales donde se pretendía estudiar y
trabajar especialmente con el Enfoque Gestáltico- Holístico de la Enfermedad
y los síntomas. Todos los participantes tenían que tener una experiencia de
esto que llamábamos Anatomía y Fisiología Vivenciadas. Obtuvimos
siempre tanto material y con una relación tan obvia con las características
de las personas, que rápidamente esta modalidad se transformó en un
verdadero método de abordaje en muchos casos, lo cual nos conecta con el
decir de Wilhelm Reich:
"Hoy esa reseña del
pasado me demuestra que las observaciones clínicas correctas no pueden
conducir nunca por un camino equivocado. Aún si la filosofía es falsa. La
observación correcta lleva necesariamente a formulaciones funcionales en
términos energéticos, a menos que se alcance una conclusión prematura” (p.
53, “La función del orgasmo”, Ed.Paidós 1977)
En mis libros
anteriores he descrito innumerables casos clínicos en los que en el diálogo
y encuentro del paciente con el órgano enfermo o del cual se queja ha
mostrado una relación con algún aspecto caracterológico esencial negado o no
asumido por la persona. Sistemáticamente nos hemos negado a hacer
generalizaciones o a sacar conclusiones que fueran más allá de lo obvio para
la persona misma. El magnífico libro “La enfermedad como camino”, de
Dethelfesen y Dalke, en el que se describen observaciones de características
que hemos podido comprobar en muchos casos, comete ese error -a mi juicio-,
ya que agrupa a las enfermedades y los síntomas de los diferentes aparatos y
sistemas y las relaciona con características generales de personalidad.
Este tipo de
clasificaciones y este modo de establecer relaciones fijas mantienen la
dualidad de la persona, ya que no incorpora las características conductuales
o caracterológicas desde una verdadera vivencia de esa característica. Es
apenas una comprensión intelectual que no modifica la conducta. Esto
es similar a lo que ocurre con los análisis caracterológicos en una gran
variedad de descripciones de los tipos humanos, desde la astrología hasta
los eneatipos descritos por Gurdieff, que si bien es cierto que al enfrentar
a la persona con características no reconocidas pueden producir un mayor
conocimiento de sí mismas y con ello mejorar muchas veces la relación con el
entorno, la relación consigo misma no se modifica y siguen disociados.
A mí siempre me impactó la facilidad con que algunos colegas psicoanalistas
muy buenos reconocían sus características más notables, pero no las
modificaban. Si no hay un verdadero darse cuenta no hay nada.
Cuando facilitamos el
que la persona se ponga en contacto con un órgano al que está culpando de
una enfermedad o un síntoma, no nos conformamos con que corrija la
información equivocada y suprima la pelea (aunque eso ya es un logro para la
enfermedad misma): lo colocamos en el lugar del órgano hasta que logra
sentir y vivenciar la característica más esencial de ese órgano y la que más
combate. Por ejemplo: una persona que habla con sus arterias porque
tiene hipertensión arterial, manifiesta sentirse y ser incapaz de “dejar
pasar nada sin controlarlo”, ya que “soy una persona y son demasiado
complejas mis funciones”. Tampoco se reconoce muy flexible.
La primera vez que se
pone en el lugar de una arteria, a lo más puede repetir las características
de ésta sin asumirlas con todo el cuerpo. Con un buen manejo de la
transferencia y con ello del diálogo, el terapeuta puede facilitar que aún
el más resistente de los pacientes, tendido en el lugar de una arteria y
teniendo que repetir el discurso de ésta con verdadero compromiso, sin
sentirse inferior o poca cosa por ser ´solo´ una arteria, llegue a estar
absolutamente relajado y plácido, diciendo: “nací para esto, para dejar
pasar e impulsar la sangre tal como viene, no tengo que controlarla, ella
sabe lo que trae y lo que entrega y mi flexibilidad le permite avanzar. Es
tan cómodo tener el camino trazado...”
En este momento esa
persona vivencia, a veces por primera vez desde su infancia, lo que es la
tranquilidad y la confianza de dejar que algo pase sin necesidad de
controlarlo, o lo que es sentir la flexibilidad.
Ese sentir es el
inicio de que un verdadero cambio ocurra. No se trata de acceder a cambios
caracterológicos para complacer a quienes nos rodean: el ser flexible es
ahora un mandato organísmico que puede protegerlo de un derrame cerebral.
Es algo absolutamente diferente a una
mera comprensión intelectual. Personas muy inteligentes y que me consta que
han leído con gran interés y aprobación mis libros y se han dado cuenta de
alguna de las características del o los órganos que les han dado mensaje, no
logran verdaderos cambios hasta que realmente consiguen vivenciar la
sensación descrita con las palabras claves que definen lo esencial de un
órgano.
No es fácil ser
arteria cuando hemos desarrollado grandes aptitudes para retener y controlar
todo y sin ellas no podemos ser.
Lo que se nos ha hecho
evidente es que para los terapeutas que siguen esta orientación, el estar en
permanente contacto y mostrándole a las personas las posibilidades y los
límites de su organismo, los conecta con sus propios límites y los hace
darse cuenta del profundo sentido de ser parte de un todo. En la medida en
que vamos representando a un órgano frente a diferentes personas vamos
descubriendo más y más posibilidades y más y más limitaciones
artificialmente puestas por el mundo que nos rodea y que pretende que
funcionemos según modelos estándar de rendimiento o eficiencia. Esta
situación es la que hace más difícil completar este trabajo y hacer
descripciones de los órganos en términos analógicos, comprensibles, y en un
lenguaje lo suficientemente poético para que sea aceptado y logre reemplazar
la errónea noción que teníamos del órgano que se quejó o se enfermó
realmente. En esta tarea nos vamos encontrando con infinidad de
coincidencias y verdaderos descubrimientos de ‘relaciones de relaciones’ que
nos llevan en distintas direcciones y que convergen en la extraordinaria
sabiduría de este cuerpo que somos y que se ha dejado adivinar, sin ser
invadido, por la sabiduría milenaria de los grandes maestros. Es así como
vamos consignando los detalles y coincidencias que se repiten ante nuestra
vista, situaciones que de pronto nos parecen obvias sin tener una
explicación o nada que las avale.
Y llegamos al punto en
donde este Enfoque o modo de acercarnos a los síntomas o a las enfermedades
nos abre una puerta ancha y cómoda para conectarnos con la mayor y más
definitiva dificultad presente en nuestro quehacer como psicoterapeutas: la
estructura caracterológica de nuestro paciente. Y por qué no decirlo,
nuestra propia estructura celosamente protegida por férreas defensas.
Si el carácter y/o la
personalidad fueran algo que se escoge voluntaria y conscientemente,
podríamos repetir el famoso dicho de que se tiene la enfermedad que se
merece. Podría ser cierto, ya que al parecer la relación entre enfermedad y
carácter es cada día más evidente. Esto se hace más manifiesto en las
enfermedades que se trasmiten como verdaderas epidemias y que asolan y
destruyen poblaciones enteras. Pueblos con características bien definidas y
que obviamente no han elegido ni voluntaria ni conscientemente su
situación.
En lo individual es
obvio que todos hemos desarrollado la personalidad que creíamos mejor para
sobrevivir en un mundo que nos contiene y del que necesitamos depender para
desarrollar nuestra existencia. Nunca supimos cuáles eran nuestras
posibilidades reales, ni nuestras limitaciones. El complejo organismo que
somos ha usado intermediarios para ser escuchado y cada vez son más las
personas que traducen su lenguaje. A partir del verdadero conocimiento de
las características de cada uno de nuestros órganos y sistemas podríamos
llegar a darnos cuenta de la extraordinaria mezcla de valores, posibilidades
y limitaciones que nos habitan y en este reconocimiento, podría ocurrir que
sea cada vez menos necesario que una parte tenga que gritar para que sepamos
que existe. He prometido darme el tiempo para hacer una revisión de
todas las descripciones de órganos que realmente cumplan con la consigna de
ser fieles a la anatomía y fisiología vivenciadas y que tengan la riqueza
descriptiva que facilita la comprensión del verdadero mensaje que relaciona
al organismo que somos con el carácter y la personalidad que queremos ser.
Por ejemplo, cuando nuestras articulaciones nos muestran la delicadeza y
precisión con que son capaces de mantener en contacto dos seres de la misma
naturaleza (huesos) y cómo está dispuesto todo para que no se rocen y
mantengan la distancia óptima, podemos sentirnos al comienzo de un verdadero
aprendizaje de convivencia, que si se extiende contribuirá a que las
dolorosas enfermedades articulares hagan menos estragos.
Menciono las
articulaciones por ser, tal vez, las mejores representantes de lo complejo
de las relaciones humanas. A partir de la descripción de ellas podemos
conectarnos directamente con las mayores dificultades y dolores de nuestra
existencia. Cuando tenemos que ‘ser’ una articulación para alguien, de lo
primero que nos damos cuenta es que nadie las ve como un órgano; son más
bien una relación, una parte difícil de definir pero que reconocemos y
tocamos más que cualquiera.
¿Qué decimos al ‘ser´
una articulación?
Puedo decir: Soy un
lugar de encuentro de dos huesos. Mi función esencial es mantenerlos unidos
toda la vida hasta que la muerte los separe. Tengo que cuidar que no se
rocen. Que no se acerquen o separen demasiado. Que mantengan la distancia
óptima. Para ello tenemos ligamentos muy flexibles y elásticos que van de un
hueso a otro. Tengo un líquido verde azulado transparente que lubrifica las
superficies óseas, que a su vez están cubiertas por un suave periostio.
Estamos envueltas en una cápsula articular que nos separa del resto. Tenemos
un nervio, una vena y un arteria que nos alimenta y nos conecta con el
resto. Soy conciliadora, flexible, armónica. Permito que los músculos muevan
los huesos que uno con facilidad y destreza, y tengo claros límites. No
puedo permitir movimientos en todos los sentidos.
Desde el momento en que, siendo su
articulación, le digo a la persona que mi función principal es unir dos
cosas de la misma naturaleza “hasta que la muerte las separe”, ella se
conecta rápidamente con sus relaciones sentimentales, y tal vez la única que
es ‘para toda la vida’ sea la que se establece con los hijos. De una u otra
forma, surgen las asociaciones con las crisis sentimentales, con los
rompimientos, y especialmente con los roces.
El diálogo mantenido
estrictamente en el Aquí y Ahora, que nos lleva a preguntar a la persona en
qué se parece a nosotras (las articulaciones) se centra en las
características que se describieron. Lo frecuente es que la persona reniegue
de su ser conciliadora, o de tener límites, o de ser capaz de mantener un
espacio óptimo: “o me pegoteo o me alejo totalmente”. Desde este darse
cuenta las personas se permiten revisar de otro modo la situación que habían
vinculado causalmente al inicio de los síntomas.
Por mucho que se
conozcan las características de los órganos por parte del paciente y el
terapeuta, el diálogo entre el órgano y el paciente precisa una
concentración y una escucha privilegiada del terapeuta, quien tiene que
estar atento a las expresiones mínimas de la persona que tiene enfrente,
para permitirse enfatizar las características del órgano que ese paciente
más rechaza.
Las personas que trabajan con esta
orientación han usado y completado fichas que incluye descripciones muy
buenas. De hecho, nuestros alumnos de la Escuela de Gestalt de Santiago,de
Milán, de México, de Valencia, de Madrid, de Córdoba y de Buenos Aires han
confeccionado varias series con hermosas fotos y colores. Sin embargo, aún
no me atrevería a publicar esas fichas porque, con frecuencia, en la
práctica han ido apareciendo elementos descriptivos que corresponden muy
certeramente al órgano descrito y que no estaban incluídos en esa ficha.
Jamás podremos tener una guía que incluya
toda la posible riqueza de un diálogo y encuentro vivenciado con la persona,
cuando nos colocamos frente a ella y “somos” el órgano acusado. Esta
situación requiere toda nuestra capacidad de aceptar que somos parte de un
todo. De aceptar nuestros límites y poder defender nuestro derecho a existir
limitándonos a hacer lo que nos toca y con la confianza en que el trabajo de
los otros es tan importante y decisivo como el nuestro. No es necesario que
conozcamos el trabajo de los demás, basta con que lo respetemos y sepamos
que es fundamental.
Lo que la práctica de este trabajo nos ha ido
dejando como experiencia, que en un principio fue sorprendente, es la
relación de las características de algunos órganos con los rasgos de
personalidad. Y pareciera relativamente fácil describir estos grupos de
características y mostrar incluso con estadísticas la mayor incidencia de
enfermedades de esos órganos en personas que no aceptan estas
características. Lo que me ha detenido hace mucho tiempo en este propósito
es el hecho de que se trate de inducir conductas o comportamientos para
evitar tales o cuales enfermedades, sin darnos cuenta de que en nuestro
organismo tenemos modelos de todas las conductas y rasgos posibles y
es el desequilibrio producido por el tratar de seguir modelos externos lo
que hace que reneguemos de algunas características, que en su justa medida y
proporción nos mantienen sanos y equilibrados más allá de la locura del
mundo en el que nos ha tocado vivir.
“En suma, consciencia nuclear es un fenómeno biológico sencillo que posee un
solo nivel de organización, es estable a lo largo de la vida del organismo,
no es privativa de los humanos ni depende de la memoria convencional, de la
memoria operativa, del razonamiento ni del lenguaje. Por su parte la
consciencia ampliada es un fenómeno biológico complejo: posee varios niveles
de organización y evolución a lo largo de la vida del organismo” ( p.33,
“Sentir lo que sucede”, Antonio R. Damasio)
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
De Caso, Pedro, “Gestalt una terapia de autenticidad”, Ed. Kairós,
Barcelona, 2003
Damasio, Antonio, “Sentir lo que sucede”, Ed. Andrés Bello, Stgo. de Chile,
2000
Perls, Fritz, “Yo, Hambre y Agresión”, Ed.
Fondo de Cultura Económica, México, 1969
Perls,Fritz, “Dentro y Fuera del Tarro de la Basura”,Ed. 4 Vientos, Stgo de
Chile, 1974
Schnake, Adriana, “Diálogos del Cuerpo” Ed.4
Vientos, Stgo. de Chile, 1995
“La voz del Síntoma”, Ed.
4 Vientos, Stgo de Chile, 2000
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